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¿Qué tan racistas somos los mexicanos?
Cada vez que Tenoch acude a un casting para cine o televisión, ya sabe que invariablemente será asignado al papel de un "mexicano de carácter", clasificación creada por el equipo de producción que relaciona su fenotipo —piel oscura, cabello lacio y rostro lampiño— con delincuentes y gente en situación de pobreza.
"En el cine mexicano, los directores y productores cuando quieren realizar una película con gente fresca y adinerada, asumen que esos papeles deben desempeñarlos actores de piel blanca y ojos claros. Nuestro cine es representativo de la sociedad mexicana: estamos regidos por estereotipos y prejuicios basados en el color de la piel", lamenta el actor mexicano, ganador del Ariel, el máximo premio que otorga la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas.
El racismo es un tema que permanece oculto, sin salir a la luz y ser reconocido como un problema de la sociedad mexicana, explica el investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Federico Navarrete Linares.
El estereotipo y prejuicio basado en color de piel es un problema que arrastramos desde la conquista y el colonialismo, pero que también se acentúa en la cultura popular y manifiesta en la televisión, el cine y la publicidad, dijo el especialista del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM.
El problema es más visible en los últimos años, sobre todo en los medios de comunicación en donde es sobrerrepresentado el blanco en el color de la piel, y en los cuales se ha sistematizado la ausencia de personas morenas.
Sin embargo, explica que no solo es en los medios, es un fenómeno que se practica en ámbitos muy diversos de la sociedad por lo que es una problemática generalizada en México, y está tan impregnada que se discrimina hasta inconscientemente.
"Es un fenómeno histórico de larga duración que tiene sus orígenes en el régimen colonial que después fue modificado pero, a su vez, confirmado con la ideología del mestizaje", agrega el doctor en estudios mesoamericanos por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.
El investigador mexicano dice que desde su definición original, la ideología del mestizaje en México nunca discutió la superioridad de la 'raza blanca', es decir, planteó que los mestizos más blancos y con una cultura más occidental ocuparan una posición de privilegio.
"Otra característica del racismo mexicano es que se ejerce de una manera privada, es decir, en las familias y en todos los círculos sociales, por lo que tiene esta dimensión personal y casi íntima que lo hace un problema más difícil de reconocer, porque no es un racismo abiertamente declarado, afortunadamente", añade el autor de México racista y Alfabeto del racismo mexicano.
Exclusión sistemática
Lo que se ha impuesto en México, reconoce Navarrete Linares, es un régimen de marginación y exclusión hacia la mayoría de la población. Según la Encuesta Nacional Sobre Discriminación Racial (Enadis), cuatro de cada 10 encuestados dijeron que a la gente la tratan distinto debido a su color de piel.
"La gente es excluida en términos de clase y de raza. Es decir, en México la pobreza sí tiene una faceta racial muy marcada", sentencia el miembro nivel II del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).
Esto fue comprobado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), según los resultados del Módulo de Movilidad Social Intergeneracional publicados en 2017. Los datos muestran que sí hay una relación entre el color de piel y el nivel de escolaridad, ocupación y situación socioeconómica.
Lo que muestra, entre otras cosas, es que la mayoría de las personas con un tono de piel más claro son directores, jefes y profesionistas, mientras que la mayoría de personas con un tono de piel más oscuro son personal de apoyo, operadores y artesanos.
Racismo y discriminación
Por su parte, Olivia Gall, coordinadora de INTEGRA, Red de Investigación Interdisciplinaria sobre Identidades, Racismo y Xenofobia en América Latina del Programa de Redes Temáticas del Conacyt, expresó que la encuesta del Inegi logra establecer correlaciones interesantes mas no causalidades.
"En México, nos hemos tardado mucho en aceptar que el racismo existe, por ello, ha sido muy difícil desarrollar estudios, políticas públicas y leyes que aborden el tema", dice la investigadora del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la UNAM.
El racismo es un problema de una amplia dimensión y no solo es la discriminación de algunas personas por su tono de piel, el concepto abarca muchos factores.
En la Red INTEGRA abordan el problema en muchas de sus aristas, incluyendo cómo afecta la discriminación a los pueblos indígenas y comunidades afrodescendientes, desde el punto de vista de las relaciones de poder que obstaculizan su acceso a la igualdad de oportunidades.
Más allá de la legislación tiene que haber conciencia de que, por ejemplo, los pueblos indígenas sufren la discriminación en sus múltiples formas. Cuando se visibilicen todos estos grupos, será un paso importante hacia una sociedad más justa, enfatiza.
Todos somos iguales
La clasificación de las personas por su color de piel y diferencias biológicas se ha descrito erróneamente como "razas"; sin embargo, ahora está demostrado que los humanos son en 99.9 por ciento iguales. Las diferencias radican en el restante 0.01 por ciento.
En uno de sus artículos de investigación, el doctor Harold P. Freeman, del Hospital General de Manhattan, aseguró que no existe una base biológica real para afirmar la existencia de las razas humanas.
La doctora Olivia Gall sostiene que la existencia de las razas humanas es una mera construcción cultural de las diferencias y un intento de clasificar a los seres humanos por sus características físicas.
Además, se ha demostrado que las características —como el tono de piel— de los seres humanos corresponden a la zona del planeta en donde radican o provienen de sus ancestros, y las diferencias son formas de adaptación al ambiente de la región.
El color del éxito social
En un estudio realizado por los doctores Raymundo Campos Vázquez y Eduardo Medina Cortina titulado "Identidad social y estereotipos por color de piel. Aspiraciones y desempeño en jóvenes mexicanos", publicado en la revista del Fondo de Cultura Económica (FCE) El Trimestre Económico, los científicos demuestran que el color de la piel es relevante para las aspiraciones de vida de los jóvenes en México.
El profesor investigador del Centro de Estudios Económicos de El Colegio de México (Colmex), Raymundo Campos Vázquez, dice en entrevista con la Agencia Informativa Conacyt que el objetivo del estudio fue estimar el impacto del tono de piel en resultados de vida.
"Tenemos dos agentes de investigación: el primero era saber si había discriminación, es decir, si tratamos de forma diferente a personas con un color de piel muy oscuro en comparación a tonos más claros; la segunda línea trata de entender si nosotros mismos cambiamos nuestro desempeño y aspiraciones por nuestro color de piel".
La metodología fue aplicada a través de un experimento de campo en varias escuelas secundarias de la Ciudad de México, en las cuales cada estudiante resolvió una prueba de habilidades cognitivas y un cuestionario sobre aspiraciones futuras.
La experimentación se dividió en tres diferentes grupos por cada grado, por lo que a cada uno de los tres grupos se le daba una intervención diferente. A un grupo se le dio un mosaico de personajes públicos de tez clara; al segundo se le daba información sobre el color de piel y se les pedía que pusieran qué color de piel tenían; y al tercer grupo se le daba ambos.
Los resultados indicaron que los estudiantes del tercer grupo fueron los que obtuvieron peores resultados, es decir, tenían menos aspiraciones para el futuro.
"Los estereotipos relacionados con el color de la piel cambian el comportamiento de las personas y pueden tomar decisiones —aunque sean inconscientes— con base en el tono de su piel", concluye.
miércoles, 28 de febrero de 2018
A la caza del virus desconocido que amenaza a la humanidad

Desde que se identificó el primer virus humano, el que provoca la fiebre amarilla, en 1901, se han descubierto 263 virus que infectan a nuestra especie. / skeeze (PIXABAY)
El Global Virome Project plantea invertir 1.200 millones de dólares para identificar por todo el planeta más de un millón de microorganismos desconocidos.
España, Notiweb / ciberpasquinero
El virus que provoque la siguiente gran pandemia puede estar agazapado en el interior de un animal, esperando su momento para saltar al primer humano.
Eso parece que ocurrió con la última epidemia de ébola cuando un niño se infectó jugando con un murciélago.
La próxima vez que eso suceda, los responsables de salud pública comenzarán a trabajar para contener la propagación y se empezarán a diseñar vacunas y fármacos para combatir el microorganismo.
Pero, en ese momento, ya será un poco tarde y los científicos tienen planes para adelantarse a la próxima amenaza.
Ese es el objetivo del Global Virome Project (GVP), una iniciativa presentada recientemente en la revista Science que arrancará en 2018 y pretende identificar más de un millón de especies de virus durante la próxima década.
Esa información ayudará a comprender mejor la diversidad ecológica de los virus y conocer sus estrategias para saltar de unos animales a otros para provocar pandemias.
Desde que se identificó el primer virus humano, el que provoca la fiebre amarilla, en 1901, se han descubierto 263 virus que infectan a nuestra especie. Los responsables del proyecto, liderado por la ONG EcoHealth Alliance y USAID (la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional), calculan que quedan por descubrir alrededor de 1,67 millones de especies que habitan dentro de mamíferos y aves, los huéspedes más habituales de estos microorganismos. De esos, estiman que entre 631.000 y 827.000 tienen potencial para infectar a humanos.
Proyecto piloto
Desde 2009, la USAID ha desarrollado un proyecto piloto de grandes dimensiones bautizado como Predict con el que quería evaluar si es factible mitigar pandemias de forma preventiva.
Ha supuesto una inversión de 170 millones de dólares para construir 60 laboratorios y entrenar en técnicas para utilizarlos a más de 3.000 personas en 35 países. Esta nueva fase, identificar todas las especies víricas y evaluar el riesgo de que saltasen desde su huésped animal a nosotros, costaría, con los protocolos y la tecnología actual, más de 7.000 millones de dólares.
Sin embargo, los autores del artículo explican que sería posible identificar el 71% de los virus durante los próximos 10 años por unos 1.200 millones de dólares porque al principio es más fácil la pesca.
Los costes se multiplicarían para encontrar los virus más exóticos y los autores consideran que ese dinero "estaría mejor empleado en financiar medidas para combatir las amenazas más probables".
Además de "estudiar los lugares más recónditos de la fauna silvestre para detectar virus no identificados, habrá que ver cómo se derivan datos y conocimiento para saber cuáles de ellos suponen un riesgo mayor para los humanos", explica Miguel Ángel Jiménez-Clavero, investigador del Instituto Nacional de Investigaciones Agrarias (INIA) y especialista en este tipo de amenazas.
Serán necesarios "estudios funcionales que permitan inferir estas características, saber a partir del comportamiento in vitro si va a ser más o menos peligroso para nuestra especie", señala Jiménez-Clavero. "Por ahora ese tipo de pruebas solo están disponibles para algunos virus como el SARS y el MERS", añade.
Los impulsores de la iniciativa comparan el GVP con el Proyecto Genoma Humano, que se convirtió en un catalizador para la innovación tecnológica que posibilitó la medicina personalizada que ahora se empieza a hacer realidad.
Además de acelerar el desarrollo de tecnologías que faciliten el descubrimiento de patógenos, el conocimiento acumulado durante la realización del proyecto permitirá diseñar mejores estrategias para controlar los brotes y es posible que ofrezca hallazgos inesperados, como virus que provoquen tumores o problemas mentales hasta ahora mal entendidos.
En esta época de movilidad sin precedentes, el ritmo al que los virus saltan de animales a humanos se está acelerando, produciendo un incremento exponencial del riesgo de nuevas pandemias y de sus impactos económicos.
Los riesgos de la falta de conocimiento están bien ilustrados por epidemias como la del VIH. Aquel virus, que ya ha infectado a 75 millones de personas, pasó de chimpancés a humanos en los años veinte en Kinsasa, la capital de la República Democrática del Congo.
Fueron necesarias seis décadas para que en 1981 la medicina identificase una enfermedad que se había expandido sin oposición por África, oculta entre las miserias del continente. El GVP puede hacer que la próxima vez que pase algo parecido la humanidad esté mejor preparada.
Enviado desde Correo para Windows 10





